sábado, 29 de febrero de 2020

La iba a mandar y nunca lo hice

Querido,

El orgullo es un sentimiento tan extraño. Por momentos siento que, en mi vida, es un mecanismo de defensa que me permite seguir adelante creyéndome mis propias mentiras. Pero, como toda mentira, en algún momento colapsa, y nos encontramos con que todo el caos que veníamos escondiendo detrás de una puerta se nos viene encima. 
Desde que llegué a casa hoy, sentía algo muy raro en el pecho. Por momentos te juro que pensé que me pasaba algo físico y le estaba por decir a mamá que sentía que no podía respirar bien. Fui al gimnasio, lo cual me ayudó a descargar mucho de esa sensación, pero no todo. La ducha que me di después intensificó esa molestia, y, hace un rato, cuando me acosté, se puso aún peor. 
Me puse a ver videos al azar en Youtube, y de alguna forma llegué a una de mis canciones favoritas de mi adolescencia: Leave Out All The Rest, de Linkin Park. No sé si la conocés, pero es musicalmente hermosa y líricamente muy triste, más teniendo en cuenta lo que le pasó al cantante. Cuestión que el estribillo dice

When my time comes
Forget the wrong that I've done
Help me leave behind some reasons to be missed.
Don't resent me
And when you're feeling empty
Keep me in your memory
Leave out all the rest…

Bastó escucharla una vez para ponerme a llorar sin entender muy bien por qué. Mi mente inmediatamente empezó a hacer un repaso de lo que había sido este último mes, esta última semana, estos últimos días, intentando encontrar una explicación para este llanto. Viajé en mi cabeza hasta que llegué al día de hoy. Llegué a lo último que hice inmediatamente antes de llegar a casa con esa sensación extraña: quedarme en el micro con vos. Por alguna razón, quedarme con vos a solas esta vez fue distinto, a pesar de que es algo que ya hicimos varias veces desde que discutimos a fines del año pasado: nos vimos obligades a cruzar caminos y, por lo menos yo puedo decir que lo viví bastante tranquila, porque a pesar de todo lo que pasó, sos vos, no sos un demonio. 
Pero desde que te bajaste del micro (y esto es algo que me di cuenta hace un rato, escuchando la canción), me cayó la ficha de que cada vez van a ser menos las oportunidades en las que nos vamos a encontrar, porque terminamos de cursar, nos vamos a recibir y la vida sigue. Y, si te soy sincera, no volver a tener la relación que teníamos antes no es lo que me preocupa, porque, con o sin pelea, la naturaleza de nuestra amistad iba a cambiar inexorablemente por el simple hecho de vernos menos, y estoy acostumbrada a que esto ocurra. Lo que me preocupa y me deja esta sensación en el pecho es saber que nunca pudimos hablarlo, y no sé por qué. 
No sé por qué, porque peleas he tenido varias veces, y siempre las he resuelto, ya sea arreglándome, perdonando y pidiendo perdón, o llegando al acuerdo de que el vínculo no da para más. Recientemente me pasó esto último con A, que literalmente tuvimos que llegar al acuerdo de que ya no podíamos ser más amigas porque veníamos notando dejes de resentimiento entre nosotras y nos tratábamos mal. 
Además de sentirme angustiada por nunca haber hablado con vos y no saber por qué, otra cosa que expande esta angustia es el hecho de que nunca me vi venir lo que pasó, y te lo digo con toda la honestidad del mundo. 
Entre todas las cosas que me quedé pensando del seminario, me quedé con lo que dijo T en la primera charla, de que la clave de la interculturalidad es cuestionar nuestras propias reacciones ante el accionar del otro. Si llevo esta idea a lo que pasó entre nosotres y hago un esfuerzo por dejar un segundo de lado el "nunca alguien me hizo una cosa así", puedo poner la atención en mi reacción y pensarlo desde esa perspectiva. Nunca eliminé a una persona de todos lados, nunca sentí tanta bronca cuando lo hice, y nunca sentí semejante grado de orgullo como el que vino después.
En mi mente siempre me convencí de que yo era de las que iba de frente, y aún creo que en algunos casos sí soy así, pero no es posible afirmar que esto es así TODO el tiempo porque, como estos meses han demostrado, con vos hice todo lo opuesto. Hice todo lo que odio que me hagan: el pacto de silencio. Un pacto que yo creí que iba a durar un tiempito, pero ahora veo que se me fue de las manos.
Sinceramente, al principio, creo que parte de mí y de mi ego esperaba que si yo no te dirigía la palabra, quizás vos te acercararías. Cuando eso no paso, me enojé más todavía, y este pacto de silencio que al principio era como una "prueba" a ver qué hacías, se volvió en una sentencia. Yo lo transformé en una sentencia para vos. Una sentencia por demostrarme implícitamente que yo no te importaba lo suficiente como para hacer un esfuerzo por nuestra amistad. Me dije: "si hasta ahora no se acercó, es porque nunca jamás le importé, y nunca jamás tuvo verdadero cariño por mí". En serio pensé eso. Pero ahora me doy cuenta de lo erróneo y poco empático que es intentar ponerle palabras al silencio del otre. El silencio no siempre es "no me importa". El silencio puede ser "no sé cómo acercarme", puede ser "me importa pero me gana el orgullo", o "todavía estoy enojade". El silencio puede ser "tengo miedo", o "ni siquiera yo sé bien qué me pasa". Sea lo que sea que haya sido lo que cruzó tu cabeza, la realidad es que yo nunca te hice el espacio para que me lo pudieras explicar, y a lo mejor en su momento querías hacerlo. A lo mejor ya no, porque "ya fue", nunca lo sabré, pero nuevamente estoy intentando hacer el esfuerzo de enfocarme en mí y en cómo yo reaccioné a todo esto. 
Es la primera vez que puedo sacarme el lente de "cómo podés pensar estas barbaridades de mí" y ponerme el lente de "che, qué garrón que sientas que te quiero hacer mal". Si te soy honesta, ya no me acuerdo en detalle todo lo que dijiste en aquella discusión, pero sí me quedó muy presente esto que me marcaste de que a veces yo decía cosas para herirte o que te marcaba cosas de tu personalidad para hacerte sentir mal. No quiero adjudicarte palabras inventadas, pero me quedó presente de esa forma. Por un lado, creo que fue natural de mi parte reaccionar sorprendida, porque nadie quiere escuchar (y mucho menos creer) que uno tiene algún tipo de mala intención. Sin embargo, por el otro, reitero que nunca te di el lugar para que me lo explicaras en otro momento, fuera de la calentura del momento.
La realidad es que tampoco le di lugar a la idea de que, si vos te sentías así, era por algo, porque conociendo tu integridad me resultaría difícil creer que querrías "arruinar" la amistad porque sí. En ningún momento quise considerar qué podía ser ese algo, pero en todas las sesiones de terapia que vinieron después pude describir algunas cosas que me aclararon el panorama. Estás más que invitado a ignorar completamente esto y pensar "a esta altura, why should I care". 
No sé muy bien por qué plasmo todo esto acá, pero siento que esto es todo lo que podríamos haber hablado si yo no te hubiera silenciado. 
Tampoco sé qué vas a pensar de todo esto. Quizás te pasa por al lado, quizás te hace enojar incluso más!, pero, once again, no quiero hacer especulaciones ni esperar que vos actúes de ninguna manera en particular. Esto que estoy haciendo acá es un simple acto egoísta de darte mi interpretación de las cosas. 
Con este vómito de reflexión, te juro por lo que más quiero que no espero nada. Nada de nada, ni una respuesta, ni muchísimo menos una disculpa. Ni siquiera espero que aceptes esto que te voy a decir ahora: Perdón. Perdón por insultarte, por dudar de tus sentimientos y por silenciarte de semejante manera.
Quizás lo único que espero es que, como dice la letra de la canción que te mostré más arriba, if you ever feel empty, you may keep me in your memory, and leave out all the rest...

Yours truly, faithfully and sincerely, 

Juli.